Jibriel
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The Place Promised in Our Early Days (雲のむこう、約束の場所, Kumo no Mukō, Yakusoku no Basho?, lit. "Beyond the Clouds, the Promised Place") es una película de Anime Japonés de 90 minutos creada y dirigida por Makoto Shinkai, siguiendo su trabajo previo "Voces de una Estrella Distante". Como en la película anterior, el soundtrack fue compuesta por Tenmon. A difererencia de la anterior película As in the previous film, the soundtrack was composed by Tenmon. Unlike the previous film el cual fue en gran parte creada por el propio Makoto, Kumo no Mukou fue una producción a full escala reflejada en la mejor calidad de animacion y de más larga longitud. Se ha transmitido a través de Japón por la cadena de televisión por satélite anime Animax.
La película fue licenciada por la liberación de América del Norte por ADV Films.
Dentro del amplio mundo del anime, que en estos últimos años, al mismo tiempo que ha recibido una cada vez mayor atención, lo que probablemente haya contribuido a generar una eclosión creativa sin precedentes, al igual que en todos los territorios del fandom encontramos iconoclastas, creadores rara avis que, en su búsqueda personal del logro estético innovan considerablemente a partir de un trabajo personal.
Makoto Shinkai (Nagano, 1973) es lo que podríamos llamar un abanderado de la onda independiente de la producción de Anime, apartado de los grandes estudios como Sunrise, Gainax o el histórico Ghibli, o de otras nuevas y briosas productoras como Xebec o Gonzo, Shinkai es un creador que trabaja de forma casi artesanal, graduado de literatura, entró en la producción de animación usando CG a partir de su trabajo en una empresa de videojuegos, iniciando su filmografía con el corto Tooi Sekai (otro mundo) en 1997, siguieron Kakomareta sekai (1998), Kanojo no Kanojo no neko (ella y su gato), Minna no uta egao (2003) y la película de 25 min. que lo puso en el mapa, Hoshi no koe (la voz de una estrella distante) en el 2002.
Shinkai, argumentalmente se decanta por historias de corte romántico (Shôjo) con elementos de ciencia ficción, además del uso intensivo de CG en el proceso de animación, que es llevada con gran cuidado, no es un director del cual esperemos épicas secuencias de acción imparable tan típica de la filmografía hollywoodense o sesudas y terribles cavilaciones sobre la condición humana como en las películas de Miyazaki u Oshii, por mencionar algunos, el principal talento de Shinkai es la administración correcta del guión y sus momentos clave y la ambientación que comunica un clima que no es percibido tan nítidamente por la razón como por las emociones.
En "Voces de una estrella distante", relata la historia de un romance adolescente, cortado brutalmente por la agresión de una raza extraterrestre y una separación cada vez más larga, tanto en el espacio como en el tiempo y la experiencia, puesta de manifiesto por el correo de SMS que la protagonista envía, forzado a llegar años después a la tierra por causa de las distancias relativistas.
Kumo no Mukou, yakusoku no basho (El lugar prometido para nosotros, más allá de las nubes), es un largometraje de 90 minutos en la que da otra muestra de su singular estilo.
En primer lugar, estamos frente a una ucronía, en este universo, Japón ha sido dividido en dos, tal como le ocurrió a Alemania al final de la segunda guerra mundial, Quedándose la Alianza Japonesa-Norteamericana con las islas del Sur y la “Unión” (aparentemente la URSS) con la isla del Hokkaido, al norte (llamada Ezo en aquel mundo alternativo) esta isla está rodeada de un gran misterio relacionado con la enorme torre construida allí por la Unión, aparentemente con el fin de acceder a universos alternativos.
Hiroki Fujisawa y Takuya Shirakawa son dos estudiantes de secundaria en su último año, y deciden pasar sus vacaciones trabajando en una fábrica de misiles con el fin de lograr un preciado proyecto personal: reconstruir un avión derribado que encontraron para viajar hacia la misteriosa torre, es notoria la diferencia de personalidades y el contraste entre Hiroki de naturaleza más apacible y soñadora, y Takuya, más serio y decidido.
A este proyecto se une inesperadamente Sayuri Sawatari, compañera de clase de estos, quien al parecer mantiene una relación no muy clara con la torre y ese misterio (que la lleva a entrar en un sueño sin retorno) es un factor clave de la trama.
La desaparición repentina de Sayuri provoca respuestas de desconcierto en ambos, que, al perder a quien probablemente era el gran motivo para terminar el proyecto (el director hace notoria la admiración que ambos sienten por ella, sin que ninguna de lugar a un enamoramiento, lo que nos recuerda la elevadísima condición en que se tiene a la amistad en la cultura japonesa) decantan por caminos distintos, aunque sin poder olvidar la promesa pactada y el dolor que causan tanto la ausencia de Sayuri como el no poder llevarla a cabo.
Tres años después, la Torre al parecer ya es operativa y Takuya, quien trabaja ahora para la NSA en un proyecto sobre mundos alternativos, contempla aterrado, como la torre es capaz de alterar la consistencia física de su espacio circundante en alrededor de 20 kilómetros, sin posibilidad alguna de hallar una contramedida, ya que la tecnología de la que disponen es muy inferior. Al mismo tiempo se involucra con Uilta, un grupo terrorista capitaneado por Okabe, antiguo jefe suyo en la fabrica.
Esto sienta las bases para un desarrollo ulterior del argumento bastante bien logrado y que va, como es usual en el cine oriental, más allá de los maniqueísmos infantiles de buenos y malos.
Un tema interesante a destacar es el tratamiento de las realidades alternativas, al ser descritas como “ondas alternas” (funciones de onda cuántica desfasadas) y también como “sueños del universo” dándonos a entender que el sueño, la imaginación, la creación deliberada pueden impulsar o contactar otros universos. Tema explotado ampliamente en textos de ciencia ficción, como por ejemplo Ilium de Dan Simmons.
La noción, revelada por el sueño de Sawatari, de que los sueños son la clave para acceder a otros universos, con la consiguiente teoría que a partir de ello es posible predecir el futuro con un alto grado de probabilidad cabe perfectamente dentro de la idea de un universo multicausal, que siempre está en continua creación, y que además sorprende con su complejidad, a la cual nos cuesta demasiado acceder por más intentos que hagamos (en este sentido el combate entre razón y sensibilidad entre Takuya y Hiroki es fundamental) siendo necesario reconocer que el universo funciona con niveles de complejidad que desafían nuestra comprensión y que cualquier relato que hagamos de este (o los alternos que correspondan) no pasa de una imagen parcial y por demás subjetiva, lo que nos recuerda al extraordinario Borges quien en el Aleph, dice:
“...Pensé en un laberinto de laberintos, en un sinuoso laberinto creciente que abarcara el pasado y el porvenir y que implicara de algún modo los astros. Absorto en esas ilusorias imágenes, olvidé mi destino de perseguido. Me sentí, por un tiempo indeterminado, percibidor abstracto del mundo”.
La imagen recurrente del sueño de Sawatari nos dice a las claras esto, un universo solitario, donde sólo una idea y un deseo ferviente la mantiene atada a la “realidad” y a la cordura, sueño que al parecer, Hiroki es capaz de captar debido, al parecer, a la carga subjetiva que persiste en su mente, acerca de la inexplicada desaparición de Sawatari y de los no confesados sentimientos que tiene por ella, cosa que se hace especialmente notoria en su intención de aprender a tocar el violín, que ella tocaba, como una forma de no olvidarla.
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La resolución de la trama es vertiginosa, aunque no trepidante, eso si, llena de decisiones y digresiones morales acerca de la futilidad de la guerra y de la ciencia como arma, Hiroki lleva a una durmiente Sayuri a la torre escapando a través de una batalla en la nave que construyó con Takuya, y con el terrible encargo de destruir la torre y aparentemente, sólo la fortaleza de los sentimientos de ambos es capaz de hacerlos sobreponerse a ese predicamento.
Pasando a otros aspectos, el apartado gráfico de esta producción es sobresaliente, destacando sobre todo el trabajo de fondos y escenarios, desde la luminosa y abarrotada Tokio hasta la abandonada campiña de Honshu y el extraño universo alternativo que rodea la torre, el trabajo en CG de Shinkai, que también se hace cargo de la edición, el diseño del color y el guión en ese sentido es sobresaliente, y le brinda a la historia una cualidad atrayente no por su realismo, sino por su inocultable belleza, tal vez con la intención de transmitir las emociones de los personajes y sobre todo, sus más caros anhelos.
La banda sonora, a cargo de Tenmon, quien también colaboró con él en Hoshi no koe, demuestra una solvencia considerable, así como una tendencia a lo minimalista, sin punto de comparación con la potencia sinfónica de otros compositores como John Williams o Hans Zimmer, pero que logra su cometido con creces, contribuyendo al logro de momentos plenamente conmovedores, en especial las escenas finales y cuando ambos protagonistas, cada uno por separado, toca el violín con la misma tonada.
El diseño de personajes, a cargo de Ushio Tazawa, sin ser sobresaliente, sitúa bien a los personajes y a sus características y gestos, dentro, claro de los niveles de estética del anime, así tenemos a una Hiroki de rostro soñador y sonriente, una infantil e inocente Sayuri y un serio y circunspecto Takuya, entre otros personajes. Asimismo, el trabajo de doblaje muestra gran cuidado y dedicación.
En resumen, una obra que sin ser trascendental, mantiene un muy alto nivel, un amplio terreno de especulación intelectual, un argumento conmovedor y bien logrado (tanto así que el director, sobre todo en las escenas finales, tiene la oportunidad de convertirlo en un melodrama, pero no cede ante una opción fácil) y que nos enseña acerca del valor de la amistad, el amor y la lealtad y que como mensaje central, podría decir que entender este universo azaroso y a veces inextricable no es sólo un asunto de razón, sino de sensibilidad, entonces, la integralidad del ser humano es necesaria en todos los momentos, frente a la constante emergencia de este universo (o cualquier contraparte alternativa).
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